Has conseguido cuanto te proponías como hombre favorecido por la fortuna. Aquel bribón ha tropezado con otro que le da quince y raya en tunantadas, astucia y zalamerías. Procura terminar el combate con igual felicidad: ya sabes hace tiempo que somos tus benévolos auxiliares.

EL CHORICERO.

Ahí viene el Paflagonio turbando y arremolinando las olas delante de sí, como si tratara de tragarme. ¡Dioses! ¡qué audacia!


CLEÓN.

¡Que me muera si no te hago añicos, por pocas de mis antiguas mentiras que me resten!

EL CHORICERO.

Me gusta oír tus amenazas y reírme de tus humos; de miedo que me das, bailo y grito: ¡quiquiriquí!

CLEÓN.

¡Por Ceres, perezca ahora mismo si no te devoro!