CORO.[350]
Ahora es necesario que despliegues todas las velas y desamarres todos los cables; ármate de valor y de astucia y de capciosos discursos para vencerle. El enemigo es flexible y hábil en presentar toda clase de obstáculos. Procura, pues, arrojarte sobre él con todas tus fuerzas; mucho cuidado; antes de que él te ataque levanta los pesos que has de arrojarle y adelanta tu nave.[351]
CLEÓN.
¡Oh poderosa Minerva, protectora de la ciudad! si después de Lisicles,[352] Cinna y Salabaca[353] soy yo el que más amo al pueblo ateniense, concédeme que, como hasta ahora, sea, por no hacer nada, alimentado a costa del Estado. Mas si te aborrezco y no combato por ti, aunque me vea aislado, que muera y me sierren vivo, y corten en correas mi pellejo.
EL CHORICERO.
¡Y yo, Pueblo mío, si no es cierto que te amo y estimo, permita Júpiter que sea cocido y hecho menudísimas tajadas! Si no crees mis palabras, consiento en ser rallado sobre este tablero, mezclado con queso para hacer un almodrote y arrastrado con un gancho al Cerámico.[354]
CLEÓN.
¡Oh Pueblo! ¿Cómo puede haber un ciudadano que te ame más que yo? Desde que soy tu consejero, he enriquecido tu tesoro atormentando a estos, apurando a aquellos y pidiendo a otros, sin atender a ningún particular con tal de serte grato.
EL CHORICERO.
Todo eso, oh Pueblo, nada tiene de extraordinario; yo haré lo mismo, pues robaré panes a otros para servírtelos. No creas que ese te ama y procura tu bien en consideración a tu persona, sino por calentarse a tu fuego. De otra suerte, ¿cómo no ve que tú, que en defensa de esta tierra desenvainaste en Maratón la espada contra los persas y alcanzaste de ellos aquella insigne victoria tantas y tantas veces ponderada, te sientas siempre sobre esas duras piedras? Nunca se le ha ocurrido como a mí ofrecerte un cojín, como este que te traigo cosido con mis propias manos. Ea, levántate y siéntate sobre él cómodamente; así no estarán mortificados esos miembros que trabajaron tanto en Salamina.[355]