PUEBLO.

¿Quién eres, amigo mío? ¿Eres acaso de la raza de Harmodio? Tu obsequio es en verdad muy popular y delicado.

CLEÓN.

Eso es muy poco para que ya te muestres benévolo con él.

EL CHORICERO.

A fe que tú le has engañado con mucho menos cebo.

CLEÓN.

Apuesto la cabeza a que no habido nunca uno que combata más que yo por ti, ¡oh Pueblo! ni que más te ame.

EL CHORICERO.

¿Cómo puedes amarle cuando le ves hace ocho años vivir en cuevas y miserables chozas, y lejos de compadecerte de él lo dejas que se muera ahumado,[356] y cuando Arqueptólemo vino a proponernos la paz, la rechazaste y arrojaste de la ciudad a puntapiés a los embajadores encargados de pactar las treguas?[357]