PUEBLO.

Cállate, basta de injurias. Harto tiempo me has engañado.

EL CHORICERO.

¡Es un malvado, Pueblecillo mío! Ha cometido mil iniquidades mientras te ha tenido sorbido el seso. Se ha hecho pagar a peso de oro la impunidad de los concusionarios, y metiendo el brazo hasta el codo en el tesoro de la república, ha robado cuanto ha podido.

CLEÓN.

¡No te has de alegrar! Yo probaré que has robado tres mil dracmas.

EL CHORICERO.

¿Por qué te revuelves? ¿Por qué te alborotas siendo el hombre peor que existe para el pueblo ateniense? También yo probaré, o si no que me muera, que recibiste de Mitilene[362] más de cuarenta minas.

CORO.

Te felicito por tu elocuencia, oh mortal que apareces como el bienhechor de todos los hombres[363]. Si así continúas, serás el más grande de los griegos, y único dueño de la república: armado del simbólico tridente, mandarás a los aliados, y reunirás inmensas riquezas trastornando y confundiéndolo todo. Pero no sueltes a ese hombre, ya que se ha dejado coger; fácil te será vencerle con semejantes pulmones.