EL CHORICERO.

Por eso te ha puesto el manto, con objeto de asfixiarte. También antes lo intentó: ¿te acuerdas de aquella corteza de laserpicio[373] que vendía tan barata?

PUEBLO.

Sí que me acuerdo.

EL CHORICERO.

Procuró que se vendiese tan barata para que la compraseis y comieseis, y después en el tribunal os mataseis los jueces unos a otros con vuestras ventosidades.

PUEBLO.

¡Por Neptuno!, un fematero[374] me dijo lo mismo.

EL CHORICERO.

¿Y no os poníais rojos de tanto mal olor?