PUEBLO.

Fue en verdad una idea digna de Pirrandro[375].

CLEÓN.

¡Canalla! ¡Con qué chocarrerías intentas perderme!

EL CHORICERO.

La diosa me mandó que te sobrepujase en palabrería.

CLEÓN.

Pues no me vencerás. Yo prometo, oh Pueblo, darte un buen plato: tu salario de juez sin trabajar nada.

EL CHORICERO.

Y yo te doy esta cajita con ungüento para que te cures las úlceras de las piernas.