EL HERALDO.

¡Silencio!

DICEÓPOLIS.

¡Ah! ¡Ah! ¡Oh Ecbatana[68], qué traje!

UN EMBAJADOR.

Siendo arconte Eutímenes[69], nos enviasteis al gran Rey con un sueldo de dos dracmas diarios.

DICEÓPOLIS.

¡Cuántos dracmas, gran Júpiter!

EL EMBAJADOR.

Hemos padecido muchísimo vagando por las orillas del Caistro[70], viviendo bajo nuestras tiendas blandamente acostados en los carros; ¡muertos de fatiga!