DICEÓPOLIS.
¿Y yo? ¿Lo pasaba muy bien durmiendo sobre paja para guardar las murallas?
EL EMBAJADOR.
Adonde quiera que llegábamos nos obligaban a beber en copas de oro y cristal un vino dulce y exquisito.
DICEÓPOLIS.
¿No conoces, ciudad de Cranao[71], que se burlan de ti tus embajadores?
EL EMBAJADOR.
Aquellos bárbaros solo tienen por hombres a los grandes glotones y borrachos.
DICEÓPOLIS.
Y nosotros a los libertinos e infames.