FIDÍPIDES.

¡Ah, los conozco, miserables! ¿Hablas de aquellos charlatanes pálidos y descalzos, entre los cuales se encuentran el perdido Sócrates y Querefonte?[465]

ESTREPSIADES.

¡Eh! calla: no digas necedades. Antes bien, si te conmueven las aflicciones de tu padre, sé uno de ellos y abandona la equitación.

FIDÍPIDES.

No lo haré, por Baco, aunque me dieses todos los faisanes que cría Leógoras[466].

ESTREPSIADES.

¡Oh!, por favor, queridísimo hijo, ve a la escuela.

FIDÍPIDES.

Y ¿qué aprenderé?