ESTREPSIADES.
Dicen que enseñan dos clases de discursos: uno justo, cualquiera que sea, y otro injusto[467]; con el segundo de estos afirman que pueden ganar hasta las causas más inicuas. Por tanto, si aprendes el discurso injusto, no pagaré ni un óbolo[468] de las deudas que tengo por tu causa.
FIDÍPIDES.
No puedo complacerte. Me sería imposible mirar a un jinete si tuviese el color de la cara tan perdido.
ESTREPSIADES.
Por Ceres, no comeréis ya a mis expensas ni tú, ni tu caballo de tiro, ni tu caballo de silla[469], sino que te echaré de casa enhoramala[470].
FIDÍPIDES.
Mi tío Megacles no me dejará sin caballos. Me voy, y no hago caso de tus amenazas.
(Aquí debe haber mutación de escena, puesto que Estrepsiades va a llamar en la puerta de Sócrates.)