DICEÓPOLIS.
Por eso nos engañas tú cobrando los dos dracmas.
EL EMBAJADOR.
Y ahora os traemos a Pseudartabas[75], el Ojo del Rey.
DICEÓPOLIS (a Pseudartabas).
¡Hércules poderoso! ¿Qué te pasa, buen hombre? ¿Ves una línea de navíos dispuestos al ataque, o costeas un accidentado promontorio? Tu ojo está guarnecido de cuero como los agujeros de los remos en las naves[76].
EL EMBAJADOR.
Manifiesta ahora, Pseudartabas, lo que el Rey te encargó que anunciases a los atenienses.
PSEUDARTABAS.
Iartaman exarx anapissonai satra[77].