SÓCRATES.

Venid pues, oh Nubes venerables, y mostraos a este, ora ocupéis la sagrada cumbre del nevado Olimpo, ora forméis con las Ninfas la danza sagrada en los jardines del padre Océano, ora recojáis en urnas de oro las aguas del Nilo, ora residáis en la laguna Meotis, o sobre las nevadas rocas del Mimas; oídme, aceptad mi sacrificio y mirad complacidas estas sagradas ceremonias.


CORO DE NUBES.

Del seno mugiente del Océano, nuestro padre, levantémonos, Nubes eternas, ligeras por nuestra naturaleza vaporosa, a las altas cumbres de los montes coronados de árboles seculares. Desde ellas veremos a lo lejos el horizonte montuoso, la tierra sagrada, madre de los frutos, el curso de los ríos divinos, y el mar que murmura profundamente. Puesto que el ojo infatigable del Éter brilla siempre con resplandeciente luz, disipemos la niebla oscura que nos rodea, y mostrémonos a la tierra con todo el esplendor de nuestra belleza inmortal.

SÓCRATES.

Indudablemente, habéis escuchado mis votos, ¡oh Nubes venerables! ¿Has oído tú su voz acompañada de los mugidos del trueno?

ESTREPSIADES.

Yo también os adoro, santas Nubes, y quiero responder a vuestros truenos[488]; a ello me obligan el miedo y el temblor; así es que, sea o no lícito, quiero desahogarme[489].

SÓCRATES.