CORO.
Dejaos de riñas y de injurias; y declarad, tú lo que enseñabas a los hombres de otra época, y tú la nueva doctrina; para que este joven, oído y sentenciado vuestro pleito, se decida por lo que mejor le parezca.
EL JUSTO.
Me place.
EL INJUSTO.
A mí también.
CORO.
Ea, ¿quién hablará primero?
EL INJUSTO.
Concedo que principie este; cuando haya hablado, yo me encargo de destrozar sus dichos con palabras y pensamientos nuevos, agudos como flechas; y por último, si aún se atreve a respirar, los rasgos de mi elocuencia le darán muerte, picándole toda la cara y los ojos, como si fueran tábanos.