¡Qué grato es vivir entre cosas nuevas e ingeniosas y poder despreciar las leyes establecidas! Cuando me ocupaba solo de la equitación, no podía pronunciar tres palabras seguidas sin equivocarme; pero desde que este hombre me ha hecho abandonar mis aficiones predilectas, y me he acostumbrado a los pensamientos sutiles, a los discursos y a las meditaciones, me siento capaz de probar que he obrado bien maltratando a mi padre.

ESTREPSIADES.

Sigue con la equitación, por Júpiter. Prefiero mantener cuatro caballos a ser molido a golpes.

FIDÍPIDES.

Reanudo mi discurso en donde tú lo has interrumpido, y principio por preguntarte: ¿Me pegaste cuando era chico?

ESTREPSIADES.

Sí, porque te quería y miraba por tu bien.

FIDÍPIDES.

Dime, ¿no será justo que ahora mire yo igualmente por tu bien, y te pegue, puesto que el pegar a uno es mirar por su bien? ¿Es razonable que tu cuerpo esté exento de palos y el mío no? ¿No nací yo de tan libre condición como tú? Lloran los hijos, y ¿no han de llorar los padres? ¿Crees que los padres no deben llorar?

ESTREPSIADES.