Yo huyo de los acarnienses[97].


CORO.

Por aquí todos, seguidle, perseguidle, preguntad a los transeúntes por él: la captura de ese hombre interesa a la república. El que sepa a dónde ha huido ese porta-tratados, dígamelo.

¡Ha escapado, ha desaparecido! ¡Triste peso de los años! ¡En mis buenos tiempos, cuando cargado de carbón seguía sin dificultad a Failo[98] el andarín, no se me hubiera escurrido ese negociante de treguas, a pesar de toda su agilidad!

Las rodillas del viejo Lacrátides[99] se han endurecido: los años pesan sobre sus piernas; por eso se escapó el bribón. Persigámosle: que jamás pueda burlarse de nosotros, aunque viejos, gloriándose de haberse librado de los acarnienses, él, ¡oh Júpiter y dioses soberanos! él que se ha atrevido a pactar treguas con mis enemigos, contra los cuales mis campos devastados me obligarán a combatir cada día más encarnizadamente. ¡Oh! no cesaré de perseguirlos hasta clavarme en su costado como acerado junco; ni dejaré de hostigarlos para que nunca vuelvan a talar mis viñas.

Pero busquemos a ese hombre: dirijámonos hacia Balena[100], y persigámosle de lugar en lugar: jamás me cansaré de apedrearle.

DICEÓPOLIS.

Guardad, guardad el silencio religioso[101].

CORO.