DICEÓPOLIS.
Aún no; dame también un jarrillo desportillado.
EURÍPIDES.
Toma y márchate; ya estás de más aquí.
DICEÓPOLIS.
No sabes, por Júpiter, todo el mal que me causas. Ea, dulcísimo Eurípides, otra cosa tan solo; dame un puchero cuyo fondo esté cerrado por una esponja[135].
EURÍPIDES.
Hombre, te me llevas una tragedia entera. Toma y lárgate.
DICEÓPOLIS.
Me marcho; ¿mas qué hago? Aún me falta una cosa, de cuya adquisición pende mi vida. Oye, dulcísimo Eurípides; si me das lo que te voy a pedir, me marcho para no volver: por favor, unas hojitas de verdura para la cesta.