DICEÓPOLIS.
¡Yo mendigo!
LÁMACO.
¿Pues quién eres?
DICEÓPOLIS.
¿Quién soy? Un buen ciudadano, exento de ambición; y, desde que hay guerra, un soldado voluntario; y tú, desde que hay guerra, un soldado mercenario.
LÁMACO.
Fui elegido por los votos de...
DICEÓPOLIS.
Tres petates[154]. Eso es lo que me ha indignado y movido a pactar esta tregua, no menos que el ver en las filas a hombres encanecidos, mientras otros jóvenes como tú, escurriendo el bulto, se iban con embajadas, unos a Tracia, ganándose tres dracmas, como los Tisámenes[155], los Fenipos y los Hipárquidas, todos a cual peores; otros, con Cares[156], a la Caonia[157], como los Geres y Teodoros, y los Diomeos, tan pagados de sí mismos; otros a Camarina, Gela y Catágela[158].