LÁMACO.
Fueron elegidos por el sufragio popular.
DICEÓPOLIS.
Entonces, ¿por qué todas las recompensas son para vosotros y para estos ninguna?[159] Di, Marílades, tú que tienes la cabeza encanecida por la edad, ¿has ido alguna vez en embajada? Dice que no, y sin embargo es prudente y laborioso. Y vosotros, Dracilo, Eufórides y Prínides[160], ¿conocéis a Ecbatana o la Caonia? Tampoco. Sin embargo, las han visitado el hijo de Cesira[161] y Lámaco, de quienes, por no poder pagar su escote, ni sus deudas, decían hace poco sus amigos: «¡Agua va!» como los que al anochecer vierten por las ventanas el líquido con que se han lavado los pies.
LÁMACO.
¡Pueblo insolente! ¿Habrá que tolerar tales insultos?
DICEÓPOLIS.
No; si Lámaco no cobrase sueldo.
LÁMACO.
Pues yo haré siempre la guerra a todos los peloponesios; los hostilizaré cuanto pueda, y los perseguiré con todas mis fuerzas terrestres y marítimas.