¿No puedo denunciar a los enemigos?
DICEÓPOLIS.
A costa de tu pellejo, si no te largas a otro sitio con tus delaciones.
EL MEGARENSE.
¡Qué peste para Atenas!
DICEÓPOLIS.
Ánimo, megarense; aquí tienes el precio de tus lechoncillos; toma los ajos y la sal. Y pásalo bien.
EL MEGARENSE.
Ya no es costumbre entre nosotros.
DICEÓPOLIS.