JANTIAS.
¿Que cómo? ¿Era hombre y de repente se ha convertido en cuervo? ¿No puede conjeturarse sin dificultad, que nos abandonará para irse a los cuervos?[19]
SOSIAS.
¿Y no te he de dar dos óbolos de salario, siendo tan hábil para interpretar los sueños?
JANTIAS.
Aguarda, quiero antes exponer el asunto a los espectadores y hacerles algunas breves advertencias. No esperéis de nosotros nada grandioso, ni siquiera una risa robada a Mégara.[20] No tenemos ni esclavos que arrojen de su cesta nueces a los concurrentes,[21] ni un Hércules furioso por su cena frustrada[22], ni siquiera Eurípides[23] será otra vez implacablemente censurado; ni sacaremos de nuevo a relucir con su sal y pimienta a Cleón,[24] por más que le haya elevado tanto la fortuna. Pero tenemos un argumento bastante racional, no superior ciertamente a nuestros alcances, pero sí más discreto que el de cualquiera insustancial comedia. Nuestro dueño, hombre poderoso, que duerme en la habitación que está bajo el tejado, nos ha mandado que guardemos a su padre, a quien tiene encerrado para que no salga. Este se halla atacado de una enfermedad tan extraña que difícilmente la podríais conocer vosotros, ni aun figurárosla, si no os dijéramos cuál era. ¿No lo creéis? Pues tratad de adivinarlo. Aminias,[25] el hijo de Prónapo, dice que es la afición al juego; pero se equivoca.
SOSIAS.
¡Ya lo creo! Se le figura que los demás tienen sus vicios.
JANTIAS.
No; el mal tiene su raíz en otra afición... Ahí está Sosias que le dice a Dercilo[26] que es la afición a la bebida.