No por cierto: ni Execéstides[385] la suya.

EVÉLPIDES.

¡Ay!

PISTETERO.

Toma esa senda, amigo mío.

EVÉLPIDES.

¡Qué terriblemente nos ha engañado Filócrates,[386] ese atrabiliario vendedor de pájaros! Nos aseguró que estas dos aves nos guiarían mejor que ninguna otra a la morada de Tereo, la Abubilla, que fue transformado en pájaro; y nos vendió este grajo, hijo de Tarrélides,[387] por un óbolo, y por tres aquella corneja, que solo saben darnos picotazos. (Al grajo.) ¿Por qué me miras con el pico abierto? ¿Quieres precipitarnos desde esas rocas? Por ahí no hay camino.

PISTETERO.

Ni senda tampoco.

EVÉLPIDES.