PISTETERO.

No lo sé; pero no por aquí. Lo cierto es que tú has delinquido. ¿Sabes que si te aplicase la pena merecida nos apoderaríamos de ti y moriría la bella Iris?

IRIS.

Soy inmortal.

PISTETERO.

No por eso dejarías de morir. Esto es insoportable; mandamos en todos los seres del mundo, y ahora nos vienen los dioses echándoselas de insolentes y negándose a obedecer a los más fuertes. Vamos, contesta: ¿a dónde dirigías tu vuelo?

IRIS.

¿Yo? Llevo encargo de mi padre de ordenar a los hombres que ofrezcan víctimas a los dioses del Olimpo; que inmolen bueyes y ovejas, y llenen las calles con el humo de los sacrificios.

PISTETERO.

¿Qué dices? ¿A qué dioses?