IRIS.
¿A qué dioses? a nosotros, a los dioses del cielo.
PISTETERO.
¿Pero vosotros sois dioses?
IRIS.
¿Pues qué, hay otros?
PISTETERO.
Las aves son ahora los dioses de los hombres; y a ellas, por vida mía, han de ofrecerse los sacrificios y no a Júpiter.
IRIS.
¡Ah, insensato, insensato! No provoques las graves iras de los dioses; guarda que la Justicia, armada del terrible azadón de Júpiter, no extirpe de raíz toda tu raza; teme que sus rayos vengadores te reduzcan a cenizas con todos tus palacios.[537]