Muy bien, por Venus de Pafos.

LISÍSTRATA.

Pues ahora se les ve recorrer armados de punta en blanco, como frenéticos coribantes, la plaza en que se venden ollas y legumbres.

EL MAGISTRADO.

Cierto, porque eso es propio de valientes.

LISÍSTRATA.

Pero es ridículo ver comprando pececillos a un hombrón en cuyo escudo se ostenta una cabeza de Gorgona.

UNA MUJER.

El otro día vi yo a todo un filarconte[659] de largos cabellos, echar en su casco de bronce, sin apearse siquiera, las puches que una vieja acababa de venderle. Otro tracio, agitando su escudo y su dardo, como Tereo,[660] aterraba a una vendedora de higos, y se le comía los mejores.

EL MAGISTRADO.