Si tuvieseis un átomo de sentido común, seguiríais en política el ejemplo que os damos al trabajar la lana.
EL MAGISTRADO.
¿Cómo? Sepamos.
LISÍSTRATA.
Así como nosotras principiamos por lavar la lana para separarla de toda suciedad, vosotros debíais empezar por expulsar a palos de la ciudad a los malvados, y separar la mala hierba; luego dividir a todos esos que se coligan y apelotonan para apoderarse de los cargos públicos, y arrancarles la cabeza; después amontonar en un canasto, para el bien común, los metecos, los extranjeros, los amigos y los deudores al Estado, y cardarlos sin distinción. A las ciudades pobladas por colonos de este país debíais de considerarlas separadamente, como otros tantos pelotones colocados delante de nosotras, y en seguida sacar un hilo de cada una de ellas, traerlo hasta aquí, reunirlos todos, hacer un grande ovillo y tejer con él un manta para el pueblo.
EL MAGISTRADO.
¿No es insufrible que pretenda hilarlo y devanarlo todo quien ninguna participación tiene en la guerra?
LISÍSTRATA.
Pero, ¡maldito de Dios!, nosotras tenemos parte doble, pues primero parimos los hijos, y después los enviamos al ejército.
EL MAGISTRADO.