LISÍSTRATA.

Debiéndoos mutuamente tantos y tan preclaros beneficios, ¿por qué os hacéis la guerra, y no desistís de vuestros rencores? ¿Por qué no os reconciliáis? Decid: ¿quién os lo impide?

EL LACEDEMONIO.

Nosotros ya queremos, si se nos devuelve nuestro baluarte.

LISÍSTRATA.

¿Cuál?, amigo.

EL LACEDEMONIO.

Pilos, que reclamamos y apetecemos hace tiempo.

EL ATENIENSE.

¡Por Neptuno! Nunca lo conseguiréis.