EL ATENIENSE.
Sí, coge las flautas, por todos los dioses; nada me divertirá tanto como el verte bailar.
CORO DE LACEDEMONIOS.
Inspira, oh Mnemósine,[711] a estos jóvenes y a mi Musa, sabedora de nuestras ilustres hazañas y de las de los atenienses, que junto a Artemisio[712] con ímpetu de dioses se lanzaron sobre los bajeles enemigos y derrotaron a los Medas. Leónidas nos llevaba como jabalíes que han aguzado sus colmillos; copiosa espuma cubría nuestros labios, y corría por todo nuestro cuerpo. Porque los persas eran numerosos como las arenas del mar. ¡Cazadora Diana, señora de las selvas, virgen celestial, ven y patrocina nuestra alianza! ¡Que en adelante nos ligue una amistad fraternal, jamás rota por la perfidia! ¡Senos propicia, doncella cazadora!
LISÍSTRATA.
Ea, ya que todo lo demás ha terminado tan felizmente, lacedemonios, llevaos vuestras mujeres; y vosotros, atenienses, las vuestras; que el esposo esté junto a su esposa y la esposa junto a su esposo; y en celebridad de tan feliz suceso, dancemos en honor de los dioses y evitemos las reincidencias.
CORO DE ATENIENSES.
¡Que se presente el coro! ¡Que aparezcan las Gracias! Invocad a Diana, invocad a su hermano, al benéfico Peán, director de las danzas; invocad al dios de Nisa,[713] cuyos ojos centellean al fijarse en las Ménades; invocad a Júpiter, el de coruscante rayo, a su veneranda esposa y a todas las deidades, eternos testigos de esta paz ajustada bajo los auspicios de Venus. ¡Io! ¡Io! Peán ¡Bailad! ¡Io! ¡Io! Saltad como para celebrar una victoria. ¡Evoé! ¡Evoé! Lacedemonio, entona un nuevo canto.
CORO DE LACEDEMONIOS.
Desciende otra vez del amable Taigeto, Musa lacedemonia, y ven a celebrar conmigo al Amicleo[714] Apolo, a Minerva Calcieca[715] y a los fuertes Tindáridas[716] que se ejercitan en la margen del Eurotas.[717]