[34] Δῆμος (Demo); κημός (urna). Demo era un hermoso joven (V. Platón, Gorgias). Éupolis habla de él también en sus comedias. Las muchas inscripciones de su nombre que en las paredes se leían, atestiguaban el gran efecto que su hermosura causaba. Era costumbre escribir el nombre del ser amado en los muros, puertas y otros objetos, como ya vimos en Los Acarnienses, v. 141. En la Antología, aluden a este uso muchos epigramas. Véase uno de Petronio:
Al plantar los perales y manzanos,
Grabé tu amado nombre en la corteza,
Crecen ellos, se cubren de inscripciones,
Y con ellos mi amor crece y se aumenta.
[35] Este chiste ha sido imitado por Plauto y Racine:
Obtrunco gallum, furem manifestarium,
Credo ædepol illi mercedem gallo pollicitos coquos,
Si id palam fecisset.
(Aulularia; III, 4, 10.)