JANTIAS.
Entonces adoras como yo a Sabacio; porque hace un instante cayó también con sueño profundísimo sobre mis párpados, a modo de enemigo persa; y he tenido un ensueño maravilloso.
SOSIAS.
Y yo he tenido otro como nunca. Pero cuenta primero el tuyo.
JANTIAS.
Vi a un águila muy grande bajar volando a la plaza pública, y arrebatando en sus garras un escudo de bronce[9], elevarse con él hasta el cielo; después vi a Cleónimo[10] que arrojaba aquel mismo escudo.
SOSIAS.
De modo que Cleónimo es un verdadero logogrifo[11]. ¿Cómo, preguntará algún convidado, una misma fiera puede arrojar su escudo en el mar, en el cielo y en la tierra?
JANTIAS.
¡Ay de mí! ¿Qué desgracia me anunciará semejante sueño?