SOSIAS.
No te dé cuidado: ningún mal te sucederá, te lo aseguro.
JANTIAS.
Sin embargo, es terrible agüero el de un hombre arrojando su escudo. Pero cuenta tu sueño.
SOSIAS.
El mío es grandioso: se refiere a toda la nave del Estado.
JANTIAS.
Examina, pues, pronto la quilla del asunto.
SOSIAS.
Creí ver en mi primer sueño, sentados en el Pnix y celebrando una asamblea, una multitud de carneros, con báculos[12] y mantos burdos; después me pareció que entre ellos hablaba una omnívora ballena, cuya voz parecía la de un cerdo a quien están chamuscando.