Escucha, mujer: voy a contarte una fábula muy chistosa.
LA PANADERA.
¿Fabulitas a mí, viejo chocho?
FILOCLEÓN.
Al volver una noche Esopo de un banquete le ladró atrevida cierta perra borracha: «¡Ah perra, perra, le dijo entonces, si cambiases tu maldita lengua por un poco de trigo, me parecerías más sensata!»
LA PANADERA.
¡Cómo! ¿Te burlas de mí? Pues bien; quienquiera que seas, te cito ante los inspectores del mercado,[208] para que me indemnices daños y perjuicios. Querefonte,[209] que está ahí, será mi testigo.
FILOCLEÓN.
Pero, por mi vida, oye a lo menos lo que voy a decirte: quizá te agrade más. Laso[210] y Simónides tenían en cierta ocasión un certamen poético, y Laso dijo: «Poco me importa.»
LA PANADERA.