¡Muy bien! Como tú, ¿verdad?
FILOCLEÓN.
¿Y tú, Querefonte, vas a ser testigo de esa mujer amarilla,[211] de esa Ino[212] precipitándose desde una roca a los pies de Eurípides?
BDELICLEÓN.
Ahí se acerca otro: según parece, también a citarte, pues viene con un testigo.
UN ACUSADOR.
¡Qué desdichado soy!... Anciano, te demando por injurias.
BDELICLEÓN.
¿Por injurias? ¡Ah, no, por piedad, no lo demandes! Yo te pagaré cuanto pidas, y aun así te quedaré agradecido.