Reanima la luz de las flameantes antorchas, blandiéndolas en tus manos. ¡Yaco, oh Yaco, fúlgida estrella de la iniciación nocturna! El prado deslumbra lleno de luces: vigorízanse las rodillas del anciano; disípanse sus penas, y aligérasele la carga de los años para poder formar parte de los sagrados coros. Guía tú, deidad resplandeciente, sobre esta fresca y florida alfombra las danzas de la garrida juventud. ¡Silencio! Lejos de aquí, profanos, almas impuras, nunca admitidos a las fiestas y danzas de las nobles Piérides, ni iniciados en el misterioso lenguaje ditirámbico del taurófago Cratino,[235] apasionados de los versos chocarreros o inoportunos chistes. Lejos de aquí todo el que, en vez de reprimir una sedición funesta y mirar por el bien de sus conciudadanos, atiza y exacerba las discordias, atento solo a saciar la propia avaricia. Lejos de aquí el que, estando al frente de una ciudad agobiada por la desgracia, se deja sobornar y entrega una fortaleza o las naves; o el que, como ese infame Torición,[236] cobrador de vigésimas, exporta de Egina[237] a Epidauro[238] cueros, lino, pez y demás mercancías prohibidas. Lejos de aquí todo el que aconseja a cualquiera que preste a nuestros enemigos dinero para la construcción de naves,[239] o mancha de inmundicia las imágenes de Hécate, mientras entona ditirambos.[240] Lejos de aquí todo orador que cercena el salario a los poetas[241] porque le pusieron en escena en las fiestas nacionales de Baco. A todos esos les digo, una y cien veces, que dejen libre el campo a los rústicos coros. Vosotros, elevad vuestros cantos y los himnos nocturnos propios de estas fiestas.
Adelántese cada cual osadamente por los prados floridos de esta profunda mansión, dando rienda suelta a los chistes, burlas y dicterios. ¡Basta de festines! ¡Adelante! Celebrad a nuestra divina protectora,[242] que ha prometido defender siempre este país, a pesar de Torición.
Ea, principiad ahora otros himnos en honor de la frugífera Ceres; celebradla en religiosos cantos.
Oh Ceres, reina de los puros misterios, senos propicia y protege a tu coro; permíteme entregarme en todo tiempo a los juegos y a las danzas, y que mezclando mil donaires y discretas razones, llegue a merecer con obra digna de tus fiestas ser ceñido por las bandas triunfales.
Ea, invoca ahora en tus cantos al numen jovial, eterno compañero de estas danzas.
Veneradísimo Yaco, inventor de las suavísimas melodías que en estas fiestas se cantan, ven a acompañarnos al templo de la diosa, y prueba que puedes recorrer sin fatigarte un largo camino.[243] Yaco, amigo del baile, guía mis pasos; tú has desgarrado mis sandalias y pobres vestidos, para que causen risa y me permitan danzar con más desenfado.
Yaco, amigo del baile, guía mis pasos. Mirando de reojo, acabo de ver una hermosísima doncella, por cuya túnica desgarrada asomaba indiscretamente parte de su seno;[244] Yaco, amigo del baile, guía mis pasos.
BACO.
Sí, a mí me gusta unirme a esos coros, y deseo bailar con ella.
JANTIAS.