La eterna muletilla de «la Corinto de Júpiter»[251] se repite con el hato.

CORO.

Sobre el césped de este florido bosque bailad en rueda en honor de la diosa[252] los admitidos a esta piadosa fiesta.

BACO.

Yo voy a ir con las doncellas y matronas al sitio donde se celebra la velada de las diosas, llevando la sagrada antorcha.[253]

CORO.

Vamos a los prados floridos, esmaltados de rosas, a recrearnos, según costumbre, en esas brillantes danzas presididas por las bienaventuradas Parcas. El sol y la luna solo lucen para nosotros los iniciados, que durante la vida fuimos benéficos con propios y extraños.[254]


BACO.

¿Cómo llamaré a esta puerta? ¿Cómo? ¿De qué manera acostumbran a llamar las gentes de este país?