Pues yo creía que era Erixis,[306] hijo de Filóxeno.
EURÍPIDES.
¿Qué necesidad había de gallos en las tragedias?
ESQUILO.
Y tú, enemigo de los dioses, ¿qué has hecho?
EURÍPIDES.
No he presentado en mis dramas grandes gallos ni hircociervos como los que se ven en los tapices de Persia. Yo había recibido de tus manos la tragedia cargada de inútil y pomposo fárrago, y principié por aliviarla de su molesto peso, y curar su hinchazón por medio de versitos, digresiones sutiles, cocimientos de acelgas blancas,[307] y jugos perfectamente filtrados de filosóficas vaciedades; después la alimenté de monólogos, mezclados con algo de Cefisofonte;[308] y jamás dije a la ventura cuanto se me ocurría, ni lo revolví todo sin distinción: el primer personaje que se presentaba en escena explicaba el carácter y el nacimiento del drama.
ESQUILO.
Mejor era eso que decir el tuyo.[309]
EURÍPIDES.