AGATÓN.

¿Y qué socorro puedes esperar de mí?

EURÍPIDES.

Uno grandísimo. Si te mezclas furtivamente entre las mujeres de modo que parezcas una de tantas, y defiendes mi causa elocuentemente, conseguirás salvarme. Tú eres el único capaz de hablar dignamente de mí.

AGATÓN.

¿Por qué no vas a defenderte tú mismo?

EURÍPIDES.

Te lo diré. En primer lugar, yo soy muy conocido, y además cano y barbudo; mientras que tú eres de hermosa figura, blanco, imberbe; tienes voz atiplada y aspecto delicado.

AGATÓN.

Eurípides...