Y penas, penas, ¡ay!, interminables,

Me dejó solamente,

Y tristezas y enojos,

Y convertidos en perenne fuente

De lágrimas, ¡de lágrimas mis ojos!

Cretenses, acudid; hijos del Ida,

Con el arco homicida

En mi auxilio volad, cercad la casa;

Divina cazadora,

Diana gentil, acude con tus canes