Y registra los últimos desvanes.

Hécate, hija de Júpiter, enciende

Dos antorchas, y guía

A la mansión de la ladrona Glice;

Quizá, quizá a su luz, ¡ay infelice!

Pueda encontrar la pobre hacienda mía.

BACO.

Basta de coros.

ESQUILO.

Sí, basta. Ahora quiero traer una balanza, pues es el único medio de aquilatar el valor de nuestra poesía, y calcular el peso de nuestras palabras.