¡Desdichada! ahora dices «mujeres» en vez de hombres.

MUJER NOVENA.

Epígono[431] tiene la culpa. Le estaba mirando, y he creído que hablaba delante de mujeres.

PRAXÁGORA.

Retírate a tu asiento. Yo misma hablaré por vosotras y me ceñiré la corona, pidiendo antes a los dioses que concedan un éxito feliz a nuestra empresa.

«La felicidad de este país me interesa tanto como a vosotros, y me conduelen y lastiman los desórdenes de nuestra ciudad. Véola, en efecto, siempre gobernada por perversos jefes; y considero que si uno llega a ser bueno un solo día, luego es malo otros diez. ¿Queréis encomendar a otro el gobierno? De seguro que será peor. Difícil es, ciudadanos, corregir ese vuestro descontentadizo humor, que os hace temer a los que os aman, y suplicar incesantemente a los que os detestan. Hubo un tiempo en que no teníamos asambleas, y pensábamos que Agirrio[432] era un bribón; hoy, que las tenemos, el que recibe dinero no tiene boca para ponderarlas; mas el que nada recibe, juzga dignos de pena capital a los que trafican con las públicas deliberaciones.»

MUJER PRIMERA.

¡Muy bien dicho, por Venus!

PRAXÁGORA.

¡Infeliz, has nombrado a Venus! Nos dejarás lucidas si sales con esa pata de gallo en la asamblea.