PRAXÁGORA.

Apresuraos; ya sabéis que los que no están en el Pnix desde el amanecer, vuelven sin recibir el menor regalo.

CORO.

Llegó el momento de partir, ¡oh hombres! (esta palabra no debe caérsenos nunca de la boca por temor a un descuido, porque a la verdad no lo pasaríamos muy bien, si se nos sorprendiera fraguando esta conspiración en las tinieblas). Hombres, vamos a la asamblea.

El tesmoteta[448] ha dicho que todo el que a primera hora y antes de disiparse las tinieblas de la noche no se haya presentado cubierto de polvo, contento con su provisioncilla de ajos, y mirando severamente, se quedará sin el trióbolo. Caritímides, Esmícito, Draces, apresuraos y procurad no olvidar nada de lo que es necesario hacer. Cuando hayamos recibido nuestro salario, sentémonos juntos para votar decretos favorables a nuestras amigas. ¿Qué estoy hablando? Quería decir nuestros amigos.

Procuremos expulsar a los que vengan de la ciudad; antes, cuando solo recibían un óbolo[449] por asistir a la asamblea, se estaban de sobremesa charlando con sus convidados; pero ahora la concurrencia es extraordinaria. En el arcontado del valiente Mirónides[450] nadie se hubiera atrevido a cobrar sueldo por su intervención en los negocios públicos, sino que todo el mundo acudía trayéndose su botita de vino con un pedazo de pan, dos cebollas y tres o cuatro aceitunas. Hoy, en cuanto se hace algo por la república, en seguida se reclama el trióbolo, como un mercenario albañil.

(Vanse.)


BLÉPIRO.

¿Qué es esto? ¿Adónde se ha marchado mi mujer? La aurora despunta ya y no parece por ninguna parte. Largo rato hace que, atormentado por una perentoria necesidad,[451] ando a oscuras buscando mi manto y mis zapatos; pero, a pesar de mi empeño, no he podido encontrarlos a tientas; y como el ciudadano excremento llama impaciente a mi puerta, me he visto obligado a coger este chal de mi mujer y a calzarme los borceguíes pérsicos. ¿Mas dónde encontraré un lugar limpio en que poder hacer del cuerpo? ¡Eh!, de noche todos los sitios son buenos, y nadie me verá. ¡Pobre de mí! ¡Qué desgraciado soy por haberme casado en la vejez! ¡Oh! ¡bien merezco ser majado a golpes! De seguro que no habrá salido para nada bueno. Pero sea lo que sea, desahoguémonos.[452]