CORO.

¡Qué alegría! ¡Qué placer! Voy a bailar de gusto, si es verdad lo que dices.

CARIÓN.

Yo también, trettanelo,[573] quiero, imitando al Cíclope,[574] haceros andar a puntapiés. Ea, gritad, hijos míos; dad balidos melodiosos, como las ovejas o las cabras de penetrante olor, y seguidme a guisa de chivos lujuriosos enardecidos de amor.[575]

CORO.

Nosotros también trettanelo queremos, cuando balando encontremos al Cíclope,[576] es decir, a ti mismo, lleno de basura, con una alforja atestada de verdolagas cubiertas de rocío, pastoreando borracho tus ovejas, y dormido en el primer sitio donde el sueño te rinda, coger un inmenso y encendido tizón y dejarte ciego.

CARIÓN.

Yo he de imitar en todo a la hechicera Circe, cuyos mágicos brebajes hicieron en Corinto que los compañeros de Filónides se atracasen, como cerdos, de excrementos por ella preparados. Vosotros, gruñendo de alegría, seguid a vuestra madre, marranillos.[577]

CORO.

Nosotros, imitando en nuestro júbilo al hijo de Laertes,[578] nos apoderaremos de Circe,[579] la de los mágicos brebajes, y mal olientes pomadas, y te colgaremos de donde más te duela;[580] te untaremos la narices de estiércol como a un chivo; y al relamerte, cual otro Arístilo,[581] los entreabiertos labios, exclamarás: «Seguid a vuestra madre, marranillos.»