CREMILO.

La pobreza y la mendicidad son hermanas carnales.

LA POBREZA.

Para vosotros, que tenéis por iguales a Dionisio y Trasíbulo;[590] pero mi vida ni es ni será nunca así. La vida del mendigo que acabas de pintar consiste en vivir sin poseer nada; la del pobre en vivir con economía, en trabajar, en no tener nada superfluo ni carecer de lo necesario.

CREMILO.

¡Por Ceres! ¡Deliciosa vida! ¡Economizar y trabajar sin descanso para no dejar a nuestra muerte con qué pagar el entierro!

LA POBREZA.

Te ríes y te burlas en lugar de hablar formalmente, sin comprender que yo perfecciono el espíritu y el cuerpo de los hombres mucho más que Pluto. Con él son gotosos, ventrudos, pesados, extraordinariamente gruesos; conmigo delgados, esbeltos como avispas, terror de sus adversarios.

CREMILO.

Quizá a fuerza de hambre les das esa esbeltez de avispas.