LA POBREZA.
Ahora os hablaré de la templanza, y os demostraré que la modestia vive conmigo y no con Pluto.
CREMILO.
Debe ser muy modesto el hurtar y el horadar paredes.
BLEPSIDEMO.
¿Quién lo duda? Todas esas cosas se hacen escondiéndose. ¿Quieres más modestia?
LA POBREZA.
Fíjate en lo que pasa con los oradores: mientras son pobres, son justos con la república y el pueblo; pero en cuanto se enriquecen a costa del Estado, se hacen injustos, venden a la multitud y atacan al gobierno democrático.
CREMILO.
Tus cargos son exactos, aunque tu lengua sea viperina; pero no te ensoberbezcas por eso, que te has de arrepentir del temerario arrojo con que pretendes probarnos las ventajas de la pobreza.