LA POBREZA.

¡Qué telarañas tenéis en los ojos, carcamales del siglo de Saturno![593] Júpiter también es pobre; y voy a probároslo. Si fuese rico, ¿cómo en los juegos olímpicos por él establecidos, al reunir cada cinco años toda la Grecia, había de contentarse con dar a los vendedores una sencilla corona de olivo? De oro se la daría, si fuese rico.

CREMILO.

Prueba eso mismo la grande estimación en que tiene las riquezas. Por economía, por evitar gastos, regala a los vencedores coronas de ningún valor, y se guarda las riquezas.

LA POBREZA.

Mil veces más vergonzosa que la pobreza es esa avaricia sórdida o insaciable que le supones.

CREMILO.

¡Que Júpiter te confunda con tu corona de olivo!

LA POBREZA.

¡Atreverse a decir que la pobreza no es el manantial de todos los bienes!