¡Oh Apolo preservador! ¡Oh dioses tutelares! ¿Qué desgracia le habrá sucedido a ese hombre?
EL DELATOR.
¿No es insoportable lo que me sucede? ¡Todo lo he perdido! Ese dios me ha despojado de todos mis bienes. ¡Oh, ya volverá a quedarse ciego, si hay justicia en el mundo!
EL HOMBRE HONRADO.
Empiezo a comprender; es sin duda un hombre arruinado; no tiene traza de ser de moneda corriente.
CREMILO.
Tienes razón; pero su ruina es justa.
EL DELATOR.
¿Dónde está, dónde está el dios que había prometido enriquecernos a todos en cuanto recobrase la vista? Lo que ha hecho ha sido arruinar a algunos.
CREMILO.