EL SACERDOTE.
Nadie ofrece el menor sacrificio.
CREMILO.
¿Por qué?
EL SACERDOTE.
Por que todos son ricos. Antes, cuando nada tenían, el mercader que regresaba sano a su casa, y el reo que conseguía la absolución, nunca dejaban de ofrecer alguna víctima. Cuando alguno ofrecía un sacrificio favorable, era de rigor que el sacerdote asistiese al festín; pero ahora nadie sacrifica, nadie entra en el templo, como no sea millares de personas para atestarlo con sus excrementos.
CREMILO.
¿No tomas también tu parte de esas ofrendas?
EL SACERDOTE.
De modo que espontáneamente me he despedido de Júpiter salvador, para establecerme aquí.