CREMILO.
Tranquilízate; pues, dios mediante, todo saldrá a pedir de boca. Júpiter salvador está aquí; ha venido también espontáneamente.
EL SACERDOTE.
¡Oh, qué buena noticia!
CREMILO.
Aguarda un poco; vamos a colocar a Pluto en el lugar que antes ocupaba, como guardián perpetuo del tesoro de Minerva.[642] ¡Eh, vengan las antorchas encendidas! Tú las llevarás delante del dios.
EL SACERDOTE.
Está muy bien dispuesto.
CREMILO.
Llamad a Pluto.