Oh Pritáneo, por esa diestra que tiendes de tan buena gana cuando alguno te ofrece dinero, concédeme una pequeña gracia, ya que voy a morir.
EL PRITÁNEO.
¿Qué gracia?
MNESÍLOCO.
Manda al arquero que me desnude, antes de atarme al poste, para que este pobre viejo no cause risa con su túnica azafranada y su mitra a los mismos cuervos que se lo han de comer.
EL PRITÁNEO.
El Senado ha dispuesto que se te exponga en ese traje, para que los transeúntes se enteren de tu delito.
MNESÍLOCO
¡Oh maldito disfraz! ¡A qué extremo me reduces! ¡No tengo ya esperanza de salvación!