Pero Bellido sonreía dulcemente y me dió las buenas noches humilde y ruborizado.

—Siento mucho molestar al señor Jiménez...

Nada, nada, el señor Jiménez no sentía molestia alguna.

—El caso es que hoy debía girarme mi representante de Barcelona cinco mil pesetas y la carta no ha llegado, no sé por qué, quizá debido al mal estado de las vías con motivo de las recientes inundaciones. Y como me encontré de pronto sin dinero, me dije: «Tal vez el señor Jiménez tendrá la amabilidad de prestarme cincuenta pesetas hasta mañana o pasado, si no le sirve de molestia...»

El señor Jiménez, sorprendido y edificado, no vaciló en desprenderse de aquellas pesetas que resolvían de modo tan cómico una espeluznante tragedia. Bellido se partió deshaciéndose en gracias y contorsiones.

Pero al día siguiente en la mesa volvió a mostrarse grave y ceñudo como si no me conociese. Entonces yo no pude resistir a la tentación de contar el lance a los pocos comensales que nos quedábamos siempre algunos instantes de sobremesa. Se rió mucho el paso y se hicieron comentarios muy picantes. El viejo general volvió a resumirlos diciendo gravemente:

—Ya le había anunciado a usted, Jiménez que esto pararía en algunos sablazos.

II
LOS PERÍODOS INTERGLACIALES DEL CAPITÁN PÉREZ DE VARGAS

Aunque tenía muchos y buenos amigos, y el primero de todos Sixto Moro, alguna vez acudía a mi memoria la figura de aquel joven geólogo llamado Martín Pérez de Vargas con quien tanto había intimado el primer año que pasé en Madrid. Supe que salió a teniente de ingenieros, que había estado en Cuba, después en Valencia y que allí se había casado con una mujer extraordinariamente rica. Vino después a Madrid cuando lo mismo él que yo nos acercábamos a los treinta años y al encontrarnos nos abrazamos con efusión. Ya no era aquel lindo mancebillo que semejaba el paje de una princesa sueca, de rostro blanco y nacarado, de cabellos rubios ensortijados y ojos como los de Ofelia. Su belleza había adquirido grato tinte varonil.

Su amor al estudio no se había entibiado con la fortuna. Pronto adquirió fama de hombre de ciencia y geólogo distinguido con algunos ensayos que publicó en diversas revistas. Últimamente había dado a luz un notabilísimo libro acerca de algunos fósiles hallados en el terreno jurásico de la provincia de Navarra.