Un criado con chaleco rojo y corbata blanca me introdujo en un despachito tan primorosamente decorado, que más parecía el saloncito de una dama que el escritorio de un hombre de ciencia. Contiguo a él había un vasto salón dedicado a biblioteca.
Pérez de Vargas me recibió con extremada alegría. Vestía traje de casa un poco fantástico, como sólo se autorizan aquí los artistas. Cuando hubimos charlado breves momentos de cosas indiferentes y me hubo mostrado su biblioteca, que era verdaderamente excepcional, tanto por la instalación como por el número de volúmenes, me dijo:
—Espero que me permitirás cambiar de traje, pues algunos amigos vendrán dentro de poco a tomar el té con nosotros...
Quedó algunos instantes silencioso y añadió al cabo sonriendo:
—Tú te quedarás también y pasarás un rato divertido. Es una broma que voy a dar a mi suegra, que llegó ayer de Barcelona a pasar unos días con nosotros. Ya sabes que aquí cerca viven los chinos de la Embajada que reside temporalmente en las principales capitales de Europa.
En efecto, yo conocía su hotelito y los había visto repetidas veces en la calle ataviados con su traje nacional y su coleta. En aquel tiempo los chinos no se habían decidido a trocar su típica indumentaria por la nuestra. Uno de ellos llamaba extraordinariamente la atención de los transeuntes por su talla gigantesca y por la fealdad inverosímil de su rostro. Era el secretario, según mis noticias.
Pérez de Vargas hacía unos días que había entrado en relación con ellos y me hizo un elogio caluroso de su discreción y cortesía.
—El embajador es una excelente persona, un político muy respetado en su país, bondadoso, instruído; pero el secretario... el secretario es un sabio.
—¿Quién? ¿Aquel gigante feo marcado por la viruela?
—El mismo. Es original del Tibet, de raza tártara, y ha sido educado en Calcuta. No sólo habla el inglés como su propio idioma sino el francés y español con bastante soltura. Es doctor en medicina, pero sus aficiones son varias y su lectura inmensa. Conoce la moderna literatura europea como cualquiera de nosotros.